La historia de María (PARTE I)

María caminaba en medio de la gente. Estaba nerviosa y sentía una sensación que nunca antes había experimentado. Todos la miraban al pasar. Ella se sentía emocionada, muy feliz; casi no lo podía creer.

Sus ojos mostraban alegría, éxito. Ella iba pensando: “¡Lo logré, lo logré!” Quería llorar de emoción. Mientras caminaba todos le aplaudían y le sonreían. Una persona le extendió la mano para ayudarle a subir los cinco escalones del estrado.

Sevolteó hacia la audiencia y se dio cuenta que todos estaban parados aplaudiéndole por el premio que iba a recibir. Todavía con un nudo en la garganta estaba escuchando las palabras de reconocimiento que el director de la empresa le dirigía a ella.

María tenía seis años trabajando para una empresa internacional, en donde se producía y vendía productos para otras industrias. Ella había logrado algunas promociones dentro del departamento de empaque, pero en el fondo ella no estaba satisfecha. María se daba cuenta de que las personas que trabajaban en ventas ganaban más dinero del que le pagaban a ella por su trabajo como supervisora. Ella pensaba: “debo darme la oportunidad de ser mejor, de ganar dinero”.

En alguna ocasión pasó por su mente el volverse vendedora; pero luego pensaba que a ella no le gustaba vender, que ella no servía para eso. Y de inmediato, se bajaba de su nube para volver a la realidad (por lo menos así era como ella lo expresaba)

María era una madre soltera con tres hermosos niños, (así los describía ella) Vivía con su madre, quien le ayudaba a cuidar a los niños mientras ella trabajaba. María sólo había estudiado hasta segundo grado de la secundaria, ya que tuvo que ayudar a cuidar a sus hermanos cuando ella tenía 14 años de edad. A ella le gustaba platicar con todo mundo, se llevaba bien con todos y, además, le fascinaba vender productos entre sus amigas y vecinas para ganar un poco de dinero extra.

Juana, una de sus compañeras de trabajo, quien, además, era su amiga, le decía que comenzara su propio negocio, vendiendo productos o que se volviera distribuidora independiente de una empresa de multinivel,  que ella sería muy buena en eso. La respuesta de María era siempre la misma: “¿Quién va a querer una vendedora gorda y que no habla bien el inglés?, Tú sabes que ellos requieren hablar algo de inglés”, y agregaba, “además, no sé nada de ventas o de distribución de productos o servicios”. Juana, quien la quería mucho, le decía: “Bueno entonces pregunta y aprende lo que se necesite, además si tú crees que necesitas aprender o mejorar tu inglés, entonces hazlo, toma algunas clases y practica con tus hermanos quienes ya hablan inglés. No me pongas más pretextos”.

Esa noche María no pudo dormir bien. Lo que su amiga le había dicho la había dejado pensando. Veía las condiciones en que vivían ella y su familia. Ella quería algo mejor para sus hijos y su mamá; pero tenia miedo, dudas. En una ocasión, había intentado trabajar para una revista vendiendo publicidad y se había dado cuenta que no era fácil y que no sabía nada de cómo vender; además, ella sintió que la juzgaban por su apariencia y que cuando tenía que hablar enfrente de un grupo de personas se ponía muy nerviosa y se le olvidaba todo. Esa había sido una experiencia muy desagradable por la que no quería volver a pasar.

Pasaron unos días y su amiga le volvió a insistir que considerara bien lo de volverse una distribuidora de una empresa de multinivel. María sólo le contestó que lo pensaría;  pero ella sabía que lo había hecho para que ya no le siguiera preguntando. Esa tarde cuando llego a su casa, se encontró que el refrigerador se había descompuesto y todo se estaba echando a perder. El refrigerador era muy viejo; ya lo habían reparado una vez y el técnico le dijo en esa ocasión que si se volvía a descomponer iba a ser más barato comprar uno nuevo que tratar de arreglar ése. María sólo pensó: “Esto es lo único que me faltaba, ahora que no tengo dinero”. Esa noche María lloró de frustración en su almohada; se sentía sola y pensaba que no era justo lo que le pasaba a ella. Así se quedó dormida.

Al día siguiente, cuando se despertó, ya se sentía un poco más tranquila; mientras preparaba el desayuno y vestía a sus hijos, ella trataba de pensar que iba a hacer,  sabía que tenía que comprar un refrigerador nuevo, pero no sabía cómo lo iba a lograr, si no tenía dinero; Y aunque lo consiguiera prestado, se preguntaba que cómo lo iba a pagar.

En un momento, tuvo un pensamiento que le pareció raro: Pensó que lo que le había pasado era una señal para que buscara un mejor trabajo en donde ganara más dinero; luego recordó lo que su amiga Juana le había estado sugiriendo en las últimas semanas. Ese día se propuso a investigar un poco sobre cómo ganar dinero como distribuidora independiente de una empresa a la que le habían invitado una vez y le había gustado los productos que ofrecían y recordaba que la gente ganaba mucho dinero. María tomo la decisión de llamar a José, uno de los distribuidores de la empresa; “Total no iba a perder nada con preguntar”.

María, llamo a  José, uno de los distribuidores más exitosos de esa empresa, quien la había invitado a una platica en el pasado, para preguntarle que cómo le había hecho para lograr tanto éxito en esa empresa y también le preguntó si él creía que ella podría llegar a ser una distribuidora exitosa  en esa empresa. José le contestó: “Claro que sí puedes ser muy exitosa, cualquiera que quiera y se prepare lo puede lograr”. María le preguntó: “¿Usted me puede ayudar y decirme lo que tengo que hacer?” Y José le dijo: “Con mucho gusto te ayudo. Pero me tienes que prometer que vas a echarle muchas ganas, ¿estás de acuerdo?” María sintió en ese momento que algo bueno sucedería; por primera vez sintió que podía lograr algo mejor para ella y su familia, y de inmediato le contestó que sí, y le dijo: “Dígame lo que tengo que hacer”, José le dijo: “Para empezar vamos a hablarnos de “tú”… y luego tienes que adquirir el libro que contiene el modelo: Vuelve Tus Deseos Realidad, el cual es una guía para obtener todo lo que se quiera. Cuando lo compres lo vas a leer varias veces y vas a realizar todos los ejercicios que se encuentran en el libro. Si haces esto te aseguro que algún día vas a ser una de las mejores distribuidoras independientes en la empresa; además,  también te servirá para lograr otras metas personales que tengas.  Cuando necesites algo, no dudes en preguntarme.”

Al día siguiente, saliendo de su trabajo, María fue a la librería más cercana, en la cual pudo, sin ningún problema, adquirir el libro, ya que éste se encontraba en grandes cantidades en una mesa al centro de la librería. María se fue a su casa y tan pronto como terminó de dar de cenar a sus hijos, de jugar un poco con ellos y ver que hicieran su tarea, los puso a dormir. Luego se sentó a la mesa con su mamá y le platicó sobre su deseo  de ser distribuidora independiente de una empresa que se veía muy seria y profesional; le explicó que las  personas ganaban mucho más dinero que ella y que había adquirido un libro que le recomendaron para volver su deseo realidad. Su mamá la escuchaba atenta y le decía “no se hija mía, no se” ten cuidado en lo que haces y asegúrate que sea gente buena y sería. Una vez que estuvo en su recámara, comenzó a leer el libro, este parecía interesante, pero sentía que mucho de lo que se decía no era para ella. Algunas cosas le hacían sentirse incomoda, otras nos las entendía y también pensaba que ese libro lo deberían leer sus hermanos, sus amigas y su jefa, porque ellos sí necesitaban ayuda y eran muy negativos. Sin embargo, quería seguir leyendo las historias, las anécdotas y las sugerencias que ahí se daban, estas le gustaban y le motivaban, de hecho se las quería leer a sus hijos, sentía que les ayudaría a ellos también. Se puso a realizar los ejercicios que venían en el libro y empezó a sentir una emoción de esperanza.

VUELVE TUS DESEOS REALIDAD
Extracto del nuevo libro por publicarse de Eduardo Figueroa)

 

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